Hay algo curioso en el mundo artístico: muchos creadores vivimos rodeados de colaboración, apoyo y favores mutuos… o al menos eso creemos. Y lo haces porque entiendes el arte como una comunidad, no como una competición.
Pero llega un momento en el que notas algo incómodo: el intercambio no siempre es real.
Hay quienes aceptan toda la ayuda, toda la difusión y toda la energía que les das, pero desaparecen cuando tú necesitas lo mismo. Con el tiempo aprendes algo importante: apoyar a otros está bien, pero tu energía también es una obra de arte, y no todo el mundo merece acceso ilimitado a ella.
Porque el verdadero círculo artístico no es el que más pide, sino el que también sabe devolver.